En noche triunfal, el divo español Camilo Sesto se despidió del Perú
Publicada: Nov 15 en Espectáculos / Sociales, Noticiaspor noticiasnortePrint
PERU.- No podía ser de otra manera. Era el adiós definitivo de un grande y había que estar allí. Por eso miles de seguidores colmaron las instalaciones del Jockey Club del Perú para gritarle a Camilo Sesto, el cariño y la admiración que le profesan.
A las 21.00 horas con ocho minutos se escucharon los primeros acordes de Jesucristo Supertar, la opera rock que algunas décadas atrás montó con gran éxito y que anunciaban su ingreso.
Elegantemente vestido con un pantalón de cuero negro, saco de terciopelo del mismo color y chalina plateada, el divo de Alicante se hincó para recibir los primeros aplausos de los asistentes.
Abrió el espectáculo con el tema “Contigo soy capaz”, al término de la cual lanzó un “Te quiero Perú”, que motivó una cerrada ovación del público.
“Para mí es un día histórico y voy a cantarles todo lo que quieran. Mientras sigan aplaudiendo yo sigo cantando”, dijo el artista.
Vinieron luego, uno tras otro, un total de 29 éxitos, como “Con el viento a tu favor”, “Llueve sobre mojado”, “Mientras tú me sigas necesitando”, “Mi mundo tú”, “Donde estés con quién estés” y “Mi buen amor”, entre otros.
En tanto avanzaba el tiempo y el ambiente se iba calentando, Camilo Sesto se despojó de su saco y dejó apreciar un chaleco color ladrillo con motivos peruanos que arrancó más aplausos aún.
El Jockey Club sencillamente explotó cuando se escucharon los acordes de Melina, la canción dedicada a su amiga, la desparecida actriz griega Melina Mercouri, que es en realidad una oda a una artista que volvía del exilio a la que la sometió la dictadura de su país.
La noche estuvo cargada de ritmo, de nostalgia y de romanticismo pero también tuvo sus toques de sensualidad, sobre todo cuando Camilo cantó temas como “Amor mío que me ha hecho” o “Samba”.
Luego le regaló a sus admiradores dos duetos con sus coristas Marina y Vivian, con quienes cantó en primer término “Callados”, la balada que hizo famosa con la dominicana Angela Carrasco y luego “Corazón encadenado”, que grabara con Lani Hal.
Si bien las dos coristas se esforzaban por dar lo mejor de sí, sus voces eran opacadas por un coro gigantesco de miles de almas, que sorprendentemente no eran sólo féminas por arriba de los cuarenta sino también hombres y mucha gente joven.
No importaba si algo salió desafinado pues si por algún breve momento faltó voz, la verdad es que sobró corazón. La fanaticada le perdonaba todo al ídolo que ya se va, porque tenía frente a si a un artista totalmente entregado, que hizo dos horas de show sin parar un momento, haciendo un gran derroche de energía y sin el menor asomo de cansancio, bebiendo apenas unos sorbos de agua de vez en cuando para seguir deleitando a su público.
Por el escenario, en cuyo fondo habían seis pantallas, volaron flores, chalinas, peluches y más objetos en señal de cariño que el artista recogía, besaba y volvía a lanzar al público como lo hizo con su propia bufanda.
Casi al final de la noche, Camilo Sesto entregó un medley con temas como “Amor de Mujer”, “Ayudadme”, “Todo por Nada” y se lanzó un “a capella” de “Piel de ángel”, la balada que habla de un amor prohibido a menores, que sólo se disfruta a escondidas y que fuera señalada en su momento, como un a elegía a un romance gay.
El divo hizo entonces un amago de despedida, pero a los pocos minutos volvió para la parte final del show que comprendió los clásicos “Algo de mí”, el título del primer long play exitoso de su carrera, “Vivir así es morir de amor” y “Perdóname”.
Como reza su canción “Que más te da”, Camilo regaló a sus fans una “noche inolvidable” y pese a saber que es el adiós definitivo, se despidió con un “hasta siempre”. El público se quedó en su sitio durante diez minutos coreando su nombre con la esperanza de volver a verlo, pero todo fue inútil. El telón había caído.
Andina








